75 aniversari [ 1931 - 2006 ]

de la proclamació de la II República a Mallorca

18.7.06

Jaume

JORDI BAYONA

El 23 de febrero -una fecha facha en historia de España- de 1937 se le comunicaba la sentencia de muerte a Alexandre Jaume, el primer diputado socialista por Balears a las Cortes Constituyentes de 1931. De madrugada lo trasladaron al cementerio de Palma junto con Emili Darder, último alcalde republicano de Palma, Antoni Mateu y Antonio Ques, todos con la misma sentencia. ¿La acusación? Cualquier cosa... algo tan peregrino y subjetivo como "ejecución indirecta de un delito de rebelión militar".
Unos meses antes, el Arzobispo de Mallorca, Josep Miralles, denunciaba por carta que Jaume "cooperaba con la campaña revolucionaria de Largo Caballero" y que se servía de la Casa del Pueblo para la "extensa e intensa sistematización socialista-comunista, que abrasa la Isla entera y proporciona armas, a precio de todos notorio, a cuantos las solicitan". En aquellos años la Iglesia daba una mano a cualquiera.
En los días previos a la ejecución se apeló a importantes contactos y conocidos de Jaume. De hecho se llegó hasta Juan March, que había sido socio y contertulio del sentenciado. Pero el financiero se lavó las manos porque ya había apostado a caballo ganador y hacía negocios con Franco. Algunos incluso le atribuyen haber instigado la condena a Antonio Ques, que era un viejo enemigo. El dinero, como siempre, a la suya.
Alexandre Jaume fue un intelectual de familia burguesa, de cultura afrancesada que, ante una Mallorca sometida al poder del caciquismo y del clero, anclada en un pasado casi feudal y paraíso de las desigualdades sociales, adoptó el camino del socialismo tranquilo, democrático y pedagógico para tratar de reconducir las cosas. Su principal arma fueron los artículos que firmaba en la prensa mallorquina de la época.
Ante el paredón de fusilamiento, rechazó los auxilios religiosos de un sacerdote, no quiso que le vendaran los ojos y segundos antes del tiroteo gritó sendos vivas a la República y al proletariado mundial. Antes de que los fusilados recibieran el tiro de gracia, la multitud allí congregada arrancó en aplausos y por la noche se convocaron en Palma fiestas populares para celebrar el hecho.
La reciente aparición de un opúsculo sobre la figura de Jaume, escrito por su bisnieto, Andreu Jaume, intenta hacer una migaja de justicia hacia una generación de personajes mallorquines de izquierda, en su mayoría intelectuales, abatidos por el odio guerracivilesco
He constatado que comparto una práctica lúdica entre amigos y conocidos: imaginar que vuelven las mismas circunstancias de 1936 y protagonizadas por personajes públicos actuales. La mayoría no encontramos ninguna dificultad para establecer, con cierto detalle, el relato de lo que creemos que acontecería. Llegamos incluso a coincidir espontáneamente en quienes serían los primeros en ser apostados frente a los muros del cementerio y quienes serían los delatores y los instigadores de los pelotones de fusilamiento
Esta pléyade de hombres y mujeres progresistas tenían el denominador común de una bonhomía personal machadiana, pacífica, moderada, reflexiva y utópica. Intentaron, a través del debate y las ideas, colocar a Mallorca en el flujo de la modernidad. Esto no impidió que fueran injuriados, ridiculizados, fusilados y su memoria, machacada. Y todavía hoy son los grandes ignorados de la sociedad mallorquina. Dar nombre a una plaza en Palma no basta.
El descendiente de Jaume habla de que Mallorca ha ignorado siempre sus conciencias críticas y que discrepar por escrito es, en esta tierra, escribir sobre el agua. Habla del pasado como una isla "inmune a cualquier cambio, anestesiada, de una incultura presuntuosa y un conservadurismo exacerbado" y no puede evitar dejar una puerta abierta a las comparaciones con el presente.
Desde la perspectiva crítica de la historia de 1936 en Mallorca se comprende que a la derecha actual le moleste hablar del tema, estigmatice todo tipo de actos recordatorios de estos episodios y rechace iniciativas parlamentarias de la oposición.
Esta incomodidad actual sobre acontecimientos de hace 70 años induce a pensar que algo tienen que esconder en algún rincón oscuro de su memoria histórica.
Y, sobre todo, contribuye a que algunos juguemos a imaginarnos un 1936 en nuestros días entre bromas pero también con algún vértigo latente.
Jordi Bayona es periodista.
18/07/06

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